Hacer una elección, pagar y consumir

De acuerdo a lo que se ha podido observar durante las últimas décadas, la educación superior ha tenido que enfrentar diversos procesos de transformación que guardan relación principalmente con las políticas, fenómenos y discursos expuestos por la globalización, aseguran el foro de EAE opiniones, la sociedad del conocimiento y por qué dejarlo atrás, el neoliberalismo, que se ha implantado en las universidades, pero también en las demás instituciones que se ocupan de ofrecer a las personas estudiar una profesión universitaria, adaptando su identidad y formas de organización hacia los principios de la competencia mercantil.

La adecuación de tales principios, sin mencionar otros aspectos, ha propiciado que los académicos y también los estudiantes lleguen a verse enfrentados a nuevos modos de existencia que se encuentran basados tanto en el individualismo, como en la competencia.

Y es que sin duda, son los estudiantes quienes han tenido que recibir la influencia más inmediata de lo que dicta la globalización y eso quizás tienen su origen en las palabras de Immanuel Wallerstein, «todos somos irremediablemente producto de nuestro medio, nuestra educación, nuestra personalidad y nuestro papel social».

De manera que, se podría decir que los estudiantes universitarios en la actualidad son el producto del medio donde vivieron su niñez y transitan su juventud, estas han transcurrido ligadas a estructuras sociales y valores que fueron promovidos por los procesos culturales y también por las políticas económicas que, entre otras cosas, se ocupan de fomentar la construcción y consolidación de la identidad estudiantil por medio de prácticas y de una cultura de consumo.

Un aspecto que es importante destacar, recae en la mercantilización de la educación, y con ello, la consecuente identificación de las instituciones educativas como organizaciones empresariales, y por ende, de los estudiantes como verdaderos consumidores. Estas se hicieron presentes en compañía de una gestión enfocada hacia la calidad total, bajo una teoría en la que se define al consumidor o cliente como «aquel que recibe el beneficio de los servicios y productos de la organización».

Es así, como adoptar la teoría de la calidad total dentro del sistema de educación superior ha implicado, entre otras cosas, transformar a los estudiantes en el foco de atención de toda institución educativa y ello involucra a las universidades, y también a todos los establecimientos que se encargan de ofrecer educación superior, quienes deberían alcanzar el compromiso de satisfacer las expectativas y las necesidades de sus estudiantes, pero también de reconstruir su identidad como empresas dedicadas al negocio de la educación y del conocimiento.

Si se busca satisfacer a los clientes, lo primero que se debe hacer es conocerlos. En consecuencia, la información referente a las características, experiencias, expectativas, necesidades, opiniones y deseos de los estudiantes ha adquirido especial importancia dentro de las estrategias que llegan a ser desplegadas a fin de buscar una posición competitiva que sea favorable dentro del mercado de la educación superior.

En tal sentido, la calidad de las instituciones de educación va a depender, cada vez más, de la retroalimentación que las mismas reciban de sus estudiantes y, por ello, se encargan de realizar encuestas de opinión referidas a los estudiantes funcionando como una prioridad en este tipo de organizaciones.