El consumismo tiene sus límites

La crisis que estamos viviendo hoy es mucho más grave que una crisis económica: es la crisis de un modelo, el del consumismo, que está llegando a sus límites hoy. Por lo tanto, hay una ruptura. Pero es una ruptura lenta, cuyos primeros signos se remontan a 1968 con la incomodidad de la primera generación de consumidores. Hoy, la caída de grandes empresas demuestra cuánto ha cambiado el mundo, y que ya no será como antes.

¿Cuáles son los resortes de nuestro modelo que se han estirado, incluso roto?

El consumismo es una forma de capitalismo que nace de la reunión del fordismo con el keynesianismo de Roosevelt, y que dio origen al «estilo de vida americano». Contrariamente al modelo industrial de la vieja Europa, basado en el productivismo, supone el aumento del poder adquisitivo de los empleados para alentarlos a consumir. Es el triunfo del marketing: vender cualquier cosa a cualquiera.

Este modelo que desvía todos los deseos del consumidor hacia los objetos de consumo se desarrolla en primer lugar de una manera feliz, es pleno empleo, pero se transforma rápidamente, como había predicho Herbert Marcuse, en una máquina para destruir el libido. Entonces reina el consumo adictivo basado en la satisfacción inmediata de los impulsos. El resultado es que la sociedad de consumo ya no produce deseos sino dependencias.

Es un modelo peligroso: el consumidor se vuelve infeliz al igual que el adicto que depende de lo que consume, pero odia de lo que depende. De ahí la creciente frustración y los comportamientos preocupantes, como la destrucción de la estructura familiar, el miedo de los adultos a sus propios hijos o la depresión generalizada.

¿Pueden otros factores explicar esta desconfianza?

Mucho ha sucedido desde la década de 1970. El famoso informe Meadows en 1972, que avanzó la tesis de la insostenibilidad de nuestra sociedad de consumo más allá del siglo XXI, está ganando peso hoy. La revolución conservadora y la globalización también han cambiado la naturaleza, no del capitalismo, sino de los propios capitalistas. El empresario se desvanece a favor del gerente sujeto a un capitalismo financiero ultra especulativo que ya no invierte con el tiempo.

Esto se traduce en una presión considerable sobre los salarios y la creación de artefactos, de los cuales las subprimes son solo un ejemplo, para compensar la disminución del poder adquisitivo y así perpetuar, artificialmente, el modelo consumista. Es la convergencia de todas estas tendencias pesadas lo que explica la crisis: un capitalismo, en el que la gente ya no cree, ya no puede durar.

¿Puede surgir un nuevo capitalismo de esta crisis?

Lo que está desapareciendo es un mundo donde hay productores por un lado y consumidores por el otro. Otros modelos están comenzando a desarrollarse con la revolución digital. En Internet, no hay productores ni consumidores, sino contribuyentes. Estamos entrando en la nueva lógica de la economía contributiva, que se basa en inversiones personales y colectivas y que crea otra forma de valor.

No faltan ejemplos, desde software libre hasta Wikipedia. Un estudio de la Unión Europea predijo que casi un tercio de la actividad en la economía digital operaría en dicho modelo dentro de tres años. Pero no solo se trata de TI, sino que también se podría utilizar en energía, con modelos descentralizados, distribución de alimentos o moda y aquí estamos, en esa nueva normalidad.