Consumo responsable

Inicialmente debemos tomar en consideración que consumo responsable se trata de una actitud asumida por las personas consumidoras y usuarias, acción que implica realizar un consumo que sea consciente y crítico, demostrado al momento de adquirir un producto o al contratar un servicio, en el hogar, empleando de manera eficiente los recursos de los que se dispone.

Una persona consumidora  y usuaria  responsable viene a ser aquella que, aparte de tener gran conocimiento de sus derechos, esta orientada por criterios sociales y medioambientales con la finalidad de contribuir a un entorno favorable para todos, y con ello garantizar un consumo que genere un menor impacto en el medio ambiente, para contribuir con el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y de las generaciones futuras.

Cuando se hace un consumo responsable existen dos máximas, la primera es consumir menos y que eso que consumamos sea lo más sostenible y solidario posible. Dicha actitud se encuentra establecida en el Estatuto de Autonomía para Andalucía y funciona como uno de los principios rectores de las políticas públicas. Los fundamentos jurídicos del consumo responsable y la producción sostenible lo encontramos en los artículos 191 y 193 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

Cuando se realiza una compra, ello implica satisfacer una necesidad o un deseo pero además, activa toda una serie de procesos económicos, sociales y medioambientales. En tal sentido, si se hace de una forma responsable ello implica cuestionarse en el momento de la compra, si resulta prescindible y qué no lo es.

Estar conscientes de cuáles son nuestras disponibilidades económicas reales y, después, seleccionar los productos, no sólo por su precio o su calidad, sino también porque suelen ser respetuosos con el medio ambiente y además, porque las empresas que los elaboran cumplen con los derechos humanos y los principios de justicia social.  

Aparte del consumo responsable, esta es una actitud que puede ser ejercida tanto en el hogar, como en los hábitos de vida. La recomendación es que la ciudadanía debe interiorizar su parte de responsabilidad como personas individuales al momento de cuidar y mejorar su entorno. Tan solo con gestos sencillos como por ejemplo ahorrar electricidad, calefacción, agua o combustible, todos ellos hacen que pueda mejorar la calidad de vida de la colectividad.

Características del consumo responsable

  • Es un hecho consciente, ya que es premeditado y antepone la libre elección a la presión de la publicidad y a las modas impuestas.
  • Es crítico ya que se pregunta por las condiciones sociales y ecológicas en las que ha sido elaborado un producto o producido un servicio.
  • Es ético, se basa en valores como la responsabilidad, la austeridad como alternativa al despilfarro y al consumismo, o el respeto de los derechos de los productores y del entorno.
  • Es ecológico al prevenir el derroche de los recursos naturales, ya que una producción masiva degrada el medio ambiente.
  • Es saludable porque fomenta un estilo de vida basado en hábitos alimenticios sanos y equilibrados y en la compra de productos de calidad y respetuosos con el entorno.
  • Es sostenible ya que reducir el consumo innecesario puede mejorar la calidad de vida del planeta y el equilibrio medioambiental y se generarían menos residuos.
  • Es solidario con otros pueblos y con las generaciones futuras, puesto que se respetan los derechos de aquéllos y se aseguran los de éstos.
  • Es socialmente justo ya que se basa en los principios de no discriminación y no explotación.
  • Tiene poder de transformación social. Las personas consumidoras tienen el poder de transformar un mero acto de consumo en un verdadero acto de la ciudadanía.